Son enfermedades difíciles de diagnosticar, pero un análisis preciso y certero, más una medicación adecuada, estabilizan esta dolencia crónica que conduce a cambios de estados de ánimo que van desde la euforia a la agonía de la depresión.
Trastornos bipolares
Se dice que el superhéroe de los caballeros andantes, el ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha lo sufría cuando en la cumbre de su euforia atacaba lanza en ristre a los molinos de viento, creyendo que eran gigantes maléficos. O hundido en la depresión se bautizaba como el Caballero de la Triste Figura y se desterraba en Sierra Morena para purgar sus culpas.
Pero viajando a la actualidad, se sabe que los trastornos bipolares, tipo 1 y 2, atacan al 5% de la población general, cifra que en Chile alcanza a las 750 mil personas, según el psiquiatra Fernando Ivanovic, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.
Este trastorno del ánimo es una alternancia de períodos eufóricos, exaltación y alegría desenfrenada o irritabilidad, combinados con la aparición de episodios de depresiones intensas, incapacidad para disfrutar e ideas de suicidio, alternados con estados de normalidad.
Al período de euforia se le llama maníaco y entre algunos de sus síntomas se advierten: omnipotencia o sensaciones de grandeza, disminución de la necesidad de dormir, ganas de hablar mucho más de lo necesario, aumento de la actividad (estudios, trabajo, sexualidad) y conductas alocadas.
Las causas
El origen de esta enfermedad es orgánico, no psicológico y entre sus componentes figura el mal aprovechamiento de los neurotransmisores cerebrales por condiciones genético hereditarias.
Si bien depende de alteraciones biológicas del cerebro y es crónica, de por vida, este trastorno sí tiene tratamiento con medicamentos que lo estabilizan.
El problema es que es difícil detectar esta enfermedad y por ello –según Ivanovic- está sub diagnosticada. Según el experto, el trastorno bipolar 2 se esconde detrás del abuso de alcohol o drogas. O se cubre con la máscara de los trastornos ansiosos, de personalidad e incluso crisis de pánico.
“Además como es una versión aminorada de la enfermedad, la familia se acostumbra y tiende a parecer normal, pues la persona puede proseguir con sus actividades diarias”, precisa el psiquiatra Pablo Arancibia de la Unidad de Trastorno Bipolar de la Clínica Universitaria de la Universidad de Chile.
Quizás el más conocido es el trastorno bipolar tipo 1 porque sus síntomas son más evidentes e intensos. El tipo 2 es menos intenso y también se le llama hipomanía y sus pacientes se caracterizan porque son predominantemente depresivos. Se reconoce porque el sujeto duerme mal, anda más irritable que lo normal, más activo y más inquieto. “Lo mismo pasa con el depresivo que no tiene tanta fuerza como el tipo 1”, explica Ivanovic.
La población en riesgo de ser bipolar son las mujeres jóvenes, desde el fin de la adolescencia hacia adelante. Una de las características para pesquisarla son las depresiones tempranas, incluso los cuadros psicóticos. Estos cuadros son más indicadores del trastorno bipolar que de la misma esquizofrenia, enfermedad que también aparece en la pubertad, manifestándose con pérdida de juicio de la realidad, señala el doctor Ivanovic.
Carmen Eugenia Bravo
La Nación, Sábado 23 de Septiembre de 2006
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