Animo! Arturo Venegas,blogs

Diciembre 26, 2006

La infidelidad depende de una hormona

Archivado en: comunidad — Arturo Venegas @ 10:12 pm

La neuroquímica influye en las conductas asociadas a las emociones y el amor. Las hormonas pueden jugar un papel relevante en la fidelidad y también en los celos.
Tengo 55 años. Cuanto mayor, más disfrutas el amor: el furor bioquímico da paso a la emoción relajada y consistente. Nací en San Vicente de Alcántara, pueblo extremeño al que los corcheros trajeron el catalán. Soy catedrático de Sicobiología de la UAB. Tengo 2 hijos. Agnóstico, de izquierda moderada. Las emociones son la sal de la vida

-¿Todas esas ratitas de su laboratorio nos enseñan a amar?

-Nos enseñan algo del amor. Científicos americanos, por ejemplo, dividieron sus ratones en dos cepas: polígamos y monógamos.

-¡Así es que la infidelidad está en los genes!

-Pero no para siempre. Les inyectaron vasopresina, hormona además antidiurética, y los ratoncitos polígamos se convirtieron en monógamos. Se acabaron las infidelidades.

-¡Una hormona!

-… Que nos sirve para ilustrar, sin caer en determinismos, cómo la neuroquímica influye en las conductas asociadas a las emociones y el amor. El amor también es química.

-¿Para qué nos sirve el amor?

-La bioquímica del amor forma parte de la estrategia de la naturaleza. Nos enamoramos para ser más eficaces reproduciéndonos, pero eso no nos hace forzosamente más felices.

-Ya me parecía a mí

-El amor crea un vínculo estable que favorece el éxito reproductivo. La evolución ha ido seleccionando en los humanos los genes que transmiten esa emoción cooperativa vital para forjar una alianza duradera que proporciona más seguridad a la camada.

-¿Y los celos?

-También tienen su función evolutiva igual que la sinceridad o el arrepentimiento: hacen más difícil la infidelidad. Mostrar sinceridad nos hace más fiables como socios.

-¿Cómo nos enamoramos?

-El amor bioquímico comienza con la segregación de la feniletilamina, parecida a una anfetamina, que produce excitación.

-El superflechazo…

-A esa primera sacudida le sigue la producción gonadal de estrógenos y andrógenos que aumentan el apetito sexual.

-… Se va concretando…

-La feniletilamina combinada con las dopaminas propicia incluso antes del intercambio sexual la confusa euforia y la pasión emocional típica de los enamorados.

-Y lo demás no importa.

-Importa menos, porque esa pasión inicial se caracteriza además por la inhibición de sustancias cerebrales, como la serotonina, que hasta el enamoramiento habían estabilizado el humor y las emociones…

-Con el dulce tiempo que el amor procura.

-… A otras emociones más matizadas, pero también muy intensas. Así se desencadena un mecanismo adictivo en el que están involucrados nuestros opíceos endógenos como la encefalina y las endorfinas que se liberan cada vez que sentimos placer, satisfacción y bienestar.

-¿Es más adictiva una relación en esa segunda fase?

-Sí, porque la ruptura del vínculo es más dolorosa entonces y provoca reacciones similares a la privación de sustancias adictivas.

La Vanguardia (The New York Times Syndicate) via

¿Por qué cometemos errores?

Archivado en: comunidad — Arturo Venegas @ 10:07 pm

Científicos estudian la generación y el procesamiento de errores en el cerebro y llegan a conclusiones sorprendentes.

No hay que ser músico para oír que una nota ha sido mal tocada. Y ello se refleja en el cerebro, como se ve en un electroencefalograma (EEG). Cuando a músicos se les toca una serie de notas con un sonido equivocado, el cerebro reacciona ya 200 milisegundos después de escucharse la nota incorrecta.

Un fuerte impulso de la actividad cerebral refleja la percepción del error musical por parte del ser humano. Pero los investigadores del Instituto Max Planck de Ciencias del Conocimiento y las Neurociencias, en Leipzig, quisieron saber más y le jugaron una mala pasada a las personas que se prestaron como conejillos de Indias.

En un piano eléctrico programaron teclas de tal forma que, no siempre, pero sí de vez en cuando, emitieran un sonido equivocado a pesar de que el músico tocara la nota correcta. Los investigadores contaban con que la reacción del cerebro sería sumamente intensa. Al fin y al cabo, el cerebro no se lo esperaba.

Error va, error viene

Pero no fue así. El cerebro reacciona en esos casos de la misma forma que cuando las personas sólo escuchan las notas, pero no las tocan. Pero ¿cómo reaccionan los músicos cuando cometen errores por sí solos, es decir no programados?

Los resultados logrados nuevamente con ayuda de un EEG son sorprendentes. En ese caso, los factores electrofisiológicos de descubrimiento de errores están organizados de tal forma que 100 milisegundos antes de ser cometido un error, el cerebro ya lo registra.

En otras palabras, el cerebro no sólo constata errores cometidos, sino que anticipa también errores que se van a cometer. En efecto, los científicos lograron medir repetidas veces, que 100 milisegundos antes de que el sonido sea emitido, el cerebro ya sabe –así lo demuestra el EEG– que no va a ser correcto.

El error planificado

Parece cosa de magia, pero no lo es. El fenómeno sólo revela que el mecanismo de control de errores que posee el cerebro no sólo detecta los errores que efectivamente se producen, sino también los errores que va a cometer, es decir, lo que produce ya en la etapa de planificación de la próxima acción.

Mecanismos similares han descubierto los investigadores en otro tipo de faltas, por ejemplo en la percepción de errores en series de movimientos. Y ya hace tiempo que los científicos saben que el cerebro comienza a planificar una acción antes de que pensemos conscientemente en llevarla a cabo.

Si el sistema de control descubre los errores ya en la etapa de planificación de acciones, no parece muy lógico entonces que no los impida. Quizás porque el ser humano sin errores ya no sería un ser humano… Pero eso es otro tema.

Pablo Kummetz

La moda descubre la moral

Archivado en: comunidad — Arturo Venegas @ 9:59 pm

El sector de la moda descubre la moral: vestimenta fabricada en condiciones socialmente justas y respetando el ambiente conquista las pasarelas.

Con un “look” descuidado, una blusa de batik y lana cruda nada tiene que ver. Casas de moda como el fabricante holandés de jeans Kuyichi y el de camisetas American Apparel, las cadenas de tiendas H&M y Peek & Cloppenburg apuestan por la ética y la sostenibilidad.

También el cantante alemán Bono, del grupo U2 y su esposa, Ali Hewson, crearon una marca de vestimenta producida en países en desarrollo bajo condiciones sociales justas. La llamaron Edun y las prendas se pueden obtener ya en todo el mundo.

La moda “políticamente correcta” está de moda. No puede extrañar: en definitiva es la continuación de la tendencia a una vida sana con otros medios, los de la ropa. Una vida sana para todos, no sólo para quien se pone los trapos, sino también para quien los fabrica.

Dime cómo consumes

Muchos clientes no sólo quieren saber hoy de dónde provienen los alimentos que consumen, qué pesticidas contienen y cómo son producidos. En el ínterin, el consumo consciente parece estar extendiéndose a todos los ámbitos de la vida: dime cómo y no cuánto consumes.

Razones para cuestionamientos críticos sobran: condiciones laborales inhumanas, trabajo infantil, algodón rebosante de pesticidas han creada mala fama a la moda. Y con razón.

Ahora muchas nuevas tiendas en Alemania se están especializando en la venta de prendas fabricadas en condiciones socialmente justas y ofrecen los productos también vía Internet.

Sueldos decorosos

Joven con camiseta.Bildunterschrift: Großansicht des Bildes mit der Bildunterschrift: Moda “correcta” de Misericordia.Marcas como la mencionada Kuyichi, pero también otras nuevas, como La Victoria, que se especializa en el reciclaje de prendas; Misericordia, de Perú, “un equipo de costureros que trabaja con sus manos, espíritu y corazón”; Stewart & Brown y Livity demuestran que “in”, a buen precio y correcto son conceptos que no se excluyen mutuamente.

“Correcto” significa en este caso: sueldos decorosos, no al trabajo infantil, protección de la salud, no a jornadas interminables y utilización de algodón ecológico. Y la conciencia de que el cambio es necesario crece.

Existe un nuevo grupo de consumidores dispuesto a elegir conscientemente la ropa que llevan y gastar su dinero en productos que puedan llevar con la conciencia tranquila. Y en el ínterin, tampoco las grandes cadenas de tiendas tradicionales quieren perder el tren e incluyen cada vez más productos “políticamente correctos” y sanos en su oferta.

Pablo Kummetz

Diciembre 18, 2006

Chilenos entre los menos felices de Sudamérica

Archivado en: General — Arturo Venegas @ 1:10 am

De acuerdo a un sondeo, realizado en seis naciones, nuestro país se emplaza en el penúltimo lugar, con un 66% de la población que afirma sentirse “feliz”. Al contrario, los peruanos lideran el ranking de la desdicha.


Chile se ubica en el penúltimo lugar de felicidad entre seis países sudamericanos, siendo sólo superado por Perú. De acuerdo al ranking, Venezuela se alzó como la nación más feliz, con un 83% de personas que se declaran sentirse así.

El sondeo realizado por la empresa Cimagroup -que midió el nivel de felicidad y los factores que influyen en ella en Chile, Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia y Venezuela- reveló que ésta no tiene relación con la riqueza o nivel de desarrollo económico de una nación.

Se estableció que el país más rico (Chile) y el más pobre (Bolivia), tienen similares grados de felicidad (66% y 67%, respectivamente), mientras el más feliz (Venezuela) y el menos feliz (Perú), tienen un ingreso muy parecido. “Definitivamente, el dinero no hace la felicidad; pero más aún, el desarrollo económico tampoco la produce. Más importante es el nivel de desigualdad entre los países. En general los países con mejor distribución del ingreso son más felices que los países con mucha desigualdad”, explica Pablo González, presidente de Cimagroup, frente a los resultados de esta inédita investigación.

Factor clima

En general, los resultados revelan que hacia el sur del continente la felicidad disminuye. “Un análisis por ciudades nos muestra que el clima es un factor importante: las personas que viven en las ciudades con clima más cálido son más felices que la que viven en las ciudades de clima frío. Así por ejemplo, en Chile, los nortinos son más felices que los sureños”, señala el directivo.

Satisfacción

El estudio preguntó a los encuestados con qué nota califican su satisfacción con nueve aspectos de la vida, considerándose satisfechos a quienes pusieron nota 6 ó 7. Así se pudo establecer que, en todos los países estudiados, la familia provoca la mayor satisfacción en las personas, en tanto la situación económica es lo que menos satisface.

Sin embargo, el que las personas se sientan contentas con su situación económica depende de la cultura y no sólo de sus condiciones objetivas de vida. “La felicidad de las personas depende de la distancia entre las expectativas y la realidad. Y las expectativas son muy variables, pues también se ven influenciadas por la cultura y el sistema de valores que cada cual profesa”, afirma González.

Al respecto, a pesar de que los chilenos son los más ricos de la región-de acuerdo al ingreso per cápita-, su satisfacción con la situación económica (33%) está muy por debajo de Venezuela (56%) y Colombia (36%).

Asimismo, Perú es lejos el país menos satisfecho con su situación económica (18%), a pesar que el ingreso de los peruanos es similar al de los venezolanos, quienes sí se muestran satisfechos con este aspecto de su vida.

“La importancia de la familia contrasta con la fuerte desconfianza que sienten los latinoamericanos, hacia la gente en general y hacia las instituciones. Pareciera ser que la familia absorbe todos los lazos comunitarios y afectivos que necesitan las personas. En los países desarrollados hay menor apego a la familia y mayor afecto a los amigos, así como mayor confianza en las personas y las instituciones”, concluye Pablo González.

VIA

Diciembre 5, 2006

Mundo guru

Archivado en: comunidad — Arturo Venegas @ 3:45 am

Ellos nos dicen cómo tenemos que vestirnos, dónde invertir, qué y dónde comer, cómo debemos vivir, pensar, sentir, votar. Los mediáticos gurúes de nuestro tiempo imponen tendencias

“¿Qué se puede hacer en el baño en diez segundos?”. Así comenzó una de las conferencias más esperadas de los últimos tiempos: la del diseñador James Dyson el día en que presentó su último invento, un secador de manos ultrarrápido.

Dyson, figura descollante en el mundo del diseño de bienes para el hogar, explicó que los secadores de manos actuales, como tardan más tiempo, no impiden que las bacterias fecales no eliminadas por el lavado sean sopladas de nuevo hacia nosotros. Ante un público de sofisticadísimos diseñadores y periodistas especializados, que absorbían cada palabra como si fuera una gota derramada del Santo Grial, aclaró que con su diseño -ultracool y tres veces más rápido que los ya existentes- se evita ese inconveniente. Su secador, de hecho, es candidato favorito para ser reconocido como el objeto del año del mundo del diseño. Por algo Dyson es considerado un gurú.

Dyson pareciera ser el único, pero no lo es. Así como él, en los campos más dispares, cada vez hay más personas a las que se reconoce como gurúes, o se autodenominan así.

Hay gurúes del management y de la política, del arte, del deporte, de la música, la moda, la arquitectura, la tecnología, cocina, ciencia y salud, entre innumerables categorías. En el mundo sajón, especialmente, la era de los gurúes es un fenómeno. Y, como señala Frank Furedi, profesor de sociología de la Universidad de Kent y autor del ensayo fundante sobre los gurúes The Age of Unreason , el mundo sajón va a la cabeza de la tendencia “pero, dado su poder en los medios y el consumo -dice-, los centros urbanos del resto del mundo después también la copian”.

A tal punto llegó la gurumanía que, en países como Estados Unidos y Gran Bretaña, si uno pone en el buscador de la librería virtual Amazon la palabra “gurú”, puede encontrar libros de consejos para los cumpleaños firmados por el “gurú del envoltorio de regalos”; para los paseos caninos, por el “gurú de la moda para mascotas”, y, recién llegado, para las fiestas, el del “gurú de los moños de hombre tipo Bond en Casino Royale”. En la televisión proliferan también los programas que enseñan cómo vestirnos, cómo peinarnos, qué comer, qué no comer, qué auto tener, cómo respirar y con qué soñar a la noche, y que se burlan de quienes lo hacen distinto.

Salen las autoridades, entran los gurúes

¿Símbolo de los tiempos? Para Furedi, “el respeto a la autoridad de los gurúes se explica por la declinación de la influencia de las formas tradicionales de autoridad. Se ha puesto de moda -dijo- tratar a las formas tradicionales de autoridad, como la Iglesia o el Parlamento, con cierto desprecio, pero también los médicos y otros profesionales han experimentado una erosión en el respeto a su palabra. Esta decreciente influencia de la autoridad convencional ha sido compensada por la creciente importancia de una autoridad nueva y alternativa. No creemos lo que dicen los políticos, pero tenemos fe en los que opinan las celebridades. Toda autoridad formal corre con un estigma de sospecha y, entonces, buscamos otros que nos guíen. Los nuevos gurúes son muy distintos de los New Age de los 80 que tenían el vago mensaje de ’sé tú mismo’. Estos nos dicen exactamente qué hacer”.

Columnista de temas empresariales del Financial Times , el Daily Telegraph, la BBC y la CNN, Stefan Stern sostiene que el crecimiento de los gurúes personales es un signo de la atomización de la sociedad y del crecimiento del consumismo. “Todos queremos tener una vida completa y excitante y quizá un gurú puede ayudarnos a conseguirlo. La propaganda de productos L’Oréal -’porque tú lo mereces’- es un símbolo de la actitud que muchos compartimos hoy: la creencia de que merecemos una vida superior a la actual”.

Claro que el término gurú es bastante equívoco y, por lo tanto, muy conflictivo. Según la disciplina y el especialista al que se le pregunte, ser denominado un gurú puede tomarse como una ironía, como un insulto o como el reconocimiento genuino que se le hace a quienes son considerados auténticos maestros y fuentes de inspiración.

En donde el término es menos equívoco es en el terreno del management, cuna dorada de los gurúes de nuestro tiempo. ¿Quién podría ofenderse cuando el “título” sirve para ganar entre 70 y 90 mil dólares por día dando presentaciones? El mismísimo Peter Drucker, reconocido como un filósofo de los negocios y como el creador del concepto de management, solía tomarse el pelo a sí mismo diciendo que el término “gurú” se volvió muy popular porque su sinónimo -charlatán- es demasiado largo para los titulares de los diarios.

¿Eso implica que no sirven? “Pueden ayudar -señala Stern- porque a veces tienen una mirada que va más allá de lo convencional o descubren algo que los demás no percibimos. A veces los gurúes dicen cosas que parecen puramente de sentido común; pero que algo simple que no veíamos antes nos sea señalado puede ser de mucha ayuda. Igual, nunca pagaría fortunas por ir a ver a un gurú. Si lo que dice tiene contenido, va a estar en sus libros, que son mucho más económicos”.

Según Furedi, la categoría más similar a la de los gurúes del management es la de los gurúes políticos, sean estos spin doctors profesionales (como Dick Morris y James Carville) o ex políticos como Bill Clinton o Rudolph Giuliani, que ahora asesoran a partir de su experiencia. Si bien los nombres de referencia en cada categoría son discutibles, apenas un ranking orientador y tentativo, condenado a ser cuestionado por omisiones o inclusiones (la de gurú no es una clara calificación profesional de médico o profesor; las diferencias con ídolo o pope de la disciplina son sutiles y a veces difíciles de determinar; y algunos usan el término para alabar y otros para criticar), en la categoría donde posiblemente más difícil sea hablar de gurúes es en la de los intelectuales.

“Los gurúes se ponen de moda cuando los sistemas establecidos de creencias empiezan a hacer agua y, si uno observa cuáles son los gurúes del momento, se dará cuenta dónde la sociedad está poniendo sus esperanzas para el futuro”, sostiene John Carey, decano de los críticos literarios de The Sunday Times.

Por ejemplo, señala que los gurúes más importantes hoy son los que escriben de temas científicos, con Stephen Hawking, Richard Dawkins, Steve Jones, entre los más destacados. “En cambio, unos 30 años atrás se suponía que la lingüística era la llave para el conocimiento, y el gurú era Noam Chomsky. La década del 60 estuvo llena de gurúes, con Derrida y los teóricos franceses. Antes de eso, los gurúes filosóficos eran Bertrand Russell y Wittgenstein. Pero actualmente la “gurusidad” parece haberse alejado de la filosofía, no hay gurúes literarios o artísticos puros porque el arte y la literatura no están en la lista de prioridades intelectuales de la gente”.

Del grupo de los intelectuales, unos muy distintos son los “gurúes de la felicidad”, que son el fenómeno más nuevo y poderoso, y que comparten la amplia categoría de “gurúes del bienestar” con cocineras célebres de la TV como Nigella Lawson y Martha Stewart.

“Hay muchos economistas muy prestigiosos, como Richard Layard (Lord Layard), Alan Krueger y Andrew Oswald que se han vuelto gurúes de la felicidad, escribiendo libros y artículos sobre qué nos hace felices. Me gusta esta tendencia porque los economistas no parecen congruentes con el estudio de la felicidad. Por ejemplo, Alan Krueger me confesó que prefería hablar de ‘bienestar subjetivo’ y no de felicidad por el riesgo de sonar demasiado frívolo”, explicó Tim Harford, autor del libro Undercover economist . “Pero tiene algo de maravilloso que académicos tan destacados y totalmente alejados del misticismo se hayan convertido en quienes la gente no especializada mira para mejorar sus vidas”.

Los que pasan de moda

Los que en cambio van quedando ligeramente demodé son los gurúes espirituales. Según Furedi, salvo unos pocos como Deprak Chopra, éstos no han logrado mantenerse vigentes en Occidente por un período prolongado. Los que hoy están de moda son el gurú del yoga de Hollywood Bikram Choudhuryy Michael Berg, el cabalista de Madonna. Aún así, se trata de una categoría conflictiva, y es riesgoso poner en ella a figuras intelectuales y religiosas como el Dalai Lama, si bien en Occidente sus libros de divulgación son extremadamente populares entre quienes hacen una búsqueda espiritual aunque sea superficial.

En el terreno de la tecnología se busca a quienes cambiarán nuestro mundo radicalmente, aquí ser gurú es algo definitivamente bien considerado. Muy bueno, no irónico o despectivo para algunos. Curiosamente, en la lista de los top diez de algunos especialistas, no figuran ni Bill Gates ni Larry Page. ¿Por qué? John Naughton, columnista de tecnología de The Guardian y autor de Una breve historia de Internet, responde: “Se consideran gurúes en el mundo de la tecnología a las personas realmente sabias, que son reverenciadas por la comunidad de expertos. Gates, Page y compañía son reverenciados en otras comunidades, como la de los medios y los negocios, porque hicieron millones, pero eso es algo distinto”.

Juana Libedinsky

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