Animo! Arturo Venegas,blogs

agosto 24, 2006

Bailando para cerrar heridas

Filed under: Bailando — Arturo Venegas @ 12:23 am

“Cuando bailamos, podría decir me siento en el paraíso porque me reúno con tanta gente que los demás no pueden ver”, dice.

“Me reúno con personas que están muertas y es como si les hablara con mis manos. En el baile está mi vida tal cual era antes de que todo se echara a perder”.

A su esposo lo mataron a tiros frente a ella.

En un pequeño teatro de Dublín, la capital de Irlanda, Kariba mueve las manos en el aire como si estuviera desenredando telarañas.

Cuando Kariba huyó de su país, dejó atrás a algunos de sus hijos.

Recuerdos dolorosos

Kariba nunca se había considerado a sí misma una buena bailadora.

Pero cuando el Centro Irlandés para el Cuidado de Sobrevivientes de Tortura, SPIRASI, les preguntó a sus usuarios qué tipos de talleres artísticos podrían resultarles útiles, ella dijo que uno de danza.

Uno de teatro, pensó, implicaría tener que hablar de sus traumas.

Por el contrario, “la danza te haría hacer cosas que no te recuerdan otras cosas, ya que es tu cuerpo el que habla, no tú”.

Sentirse bien

Por ese motivo, en mayo de 2003 el centro invitó al coreógrafo de danza moderna John Scott a reunirse con sobrevivientes de tortura de diez países.

La idea de sus talleres era ayudarlos a volver a sentirse bien con sus cuerpos.

Desde hace dos años voy a un psicólogo, pero eso no me ha ayudado tanto como la danza
Kariba considera que cumplió ese objetivo.

“Cuando uno va a un psicólogo, es como si tuviera que rebobinar una grabación con la historia de su vida. Le dicen que hable de todas las cosas malas que le pasaron a uno. Eso es triste”.

“Pero John nos dijo que hiciéramos lo que quisiéramos y eso nos ayudó a escoger de qué hablar”, continúa.

“Desde hace dos años voy a un psicólogo, pero eso no me ha ayudado tanto como la danza”.

Redescubriendo la identidad

A pesar de los daños que puedan haber sufrido sus cuerpos, es a través de ellos que los refugiados se han redescubierto a sí mismos.

Los participantes provienen de diferentes partes del mundo.
Mediante el movimiento, pueden decir cosas que están muy enterradas o que son muy dolorosas para expresar en palabras.

Según John Scott, “uno puede hablar con su cuerpo de forma involuntaria, uno puede expresar cosas que no está dispuesto a decir”.

Las identidades de los sobrevivientes estaban hechas añicos. Por eso Scott exploró gestos específicos con cada uno de ellos, a veces tomados de las formas de sus nombres, en otras ocasiones sacados de recuerdos de “antes”.

Se quedó atónito cuando vio a un hombre hacer una señal de despedida, como lo había hecho al decirle adiós a su familia.

“Cuando vi a Kariba levantar sus brazos sobre su cabeza y mirar hacia arriba, con esa expresión en su rostro, me entraron deseos de llorar”, cuenta el coreógrafo.

“Cuando vi a Sebastião abrir sus brazos y respirar, me produjo escalofríos”.

Confianza

La comunidad de la danza -trabajar en círculos o en una pieza en que cada persona es en algún momento levantada por otra- les ha devuelto la confianza en los seres humanos.

En la obra que presentan en Dublín, buscan a otros que los apoyen cuando están perdiendo el equilibrio.

“Sabes que alguien te va a proteger y no te dejará caer”, dice Kariba.

“No imaginamos que estamos solos. Es así que el baile nos ha curado. Nos permite abrirnos y pedir ayuda”. via

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