Animo! Arturo Venegas,blogs

febrero 26, 2007

¿Es la pareja el infierno?

Filed under: Animo!!!!! — Arturo Venegas @ 7:05 am

El amor es una experiencia muy distinta de la del ” enamoramiento “, seria de la mayor importancia reflexionar sobre las palbras de un sabio Oriental ” Eres amante de tu propia experiencia. no de mi, acudes a mi para experimentarte a ti mismo en este estado que llamas AMOR”

El hombre sólo existe en interdependencia, precisamente porque vive en sociedad. De modo que, para ser uno mismo, posiblemente conviene en primer lugar pensar en no desdeñar la relación con los otros. Y, por lo mismo, con su cónyuge.

Leemos en la revista “Vivre Plus” que casi uno de dos franceses “piensa que vivir hoy en pareja es más difícil que para las generaciones anteriores”. Cerca de 23% opinaría lo contrario y 27% expresaría un sentimiento entremezclado. Según el sondeo de Sofres, las razones para esta visión bastante negra de la vida de a dos se referirían, en primer lugar, al hecho de que hoy “nos separamos demasiado fácilmente” y a que “es más fácil divorciarse” (para 49% de las personas entrevistadas), así como a la idea de que “ya no se da el mismo valor al compromiso” (44%).

Se podría discursear acerca de saber si las causas invocadas no serán más bien consecuencias: es porque se hace difícil la vida en pareja que nos estamos separando fácilmente y que ya no otorgamos el mismo valor al compromiso conyugal. Y si fue primero la gallina o el huevo…

Podemos también detenernos en qué ha cambiado en la pareja, esa “mezcla de cosas disparatadas: intereses, sentimientos, ternura, descubrimientos recíprocos, obligaciones cruzadas, sexualidad, por supuesto, palabras y complicidades, tiempo vivido juntos, pensamientos y ausencias, consolidación de este espacio inaprensible que es ahora la intimidad…”, según describe el sociólogo Danilo Martuccelli.

En su libro “Forgé par l’épreuve”, él alude entre otros fenómenos a los efectos del aumento en la cifra de divorcios. Constata “la rareza misma de la separación funcionaba como una válvula de regulación, sobre todo mediante la sumisión femenina. Ahora, cuando el crescendo potencial no tiene este límite, las disputas son susceptibles de cargarse en todo momento de otro significado: el que lleva a interrogarse sobre la supervivencia o no de la pareja misma”. Pero tras la “falsa trivialidad” del divorcio, destaca Martuccelli, siempre se desarrolla una experiencia dolorosa y solitaria, un trance, fruto de una tensión muy actual entre la solidaridad conyugal y la obligación de ser fiel a sí mismo.

El predominio del amor, o más precisamente del ideal amoroso, en el arquetipo contemporáneo de la pareja tampoco sería ajeno a las dificultades que ésta enfrentaría.

El sociólogo hace notar que mientras “hasta una época reciente, el amor fue un sentimiento raro o inexistente en la vida de numerosos individuos ampliamente subordinados a los controles comunitarios o a las estrategias familiares, (hoy en día) la experiencia amorosa se ha convertido en un verdadero imperativo existencial (…) en cuanto a experiencia central de la exploración de sí mismo y como elemento indispensable al fundamento de la institución familiar”.

Podríamos por lo demás tentarnos a agregar otra razón en la conclusión del sondeo Sofres-Vivre Plus sobre este pesimismo de las conciencias respecto de la pareja: la exacerbación del “yo” o la proclama tan contemporánea “de ser uno mismo”, otro imperativo categórico del que se presume un transporte sin desvíos hacia los disfrutes de la vida.

En “Be Yourself!”, más allá de la concepción occidental del individuo (“Mil y una noches”, 2006), el filósofo François Flahault vuelve sobre esta época que cree en el individuo: la idea de ser uno mismo (en sí mismo, si se puede decir) y que es a partir de sí mismo que se establecen luego lazos con los demás. Sin embargo, recuerda este autor, el hombre sólo existe en interdependencia, precisamente porque vive en sociedad.

De modo que, para ser uno mismo, posiblemente conviene en primer lugar pensar en no desdeñar la relación con los otros. Y, por lo mismo, con su cónyuge.

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